Paula Pisak Albisser nuevamente nominada para Misionera del Año

JARDÍN AMÉRICA.
Por segundo año consecutivo, Paula Marina Pisak Albisser está nominada al premio El Misionero del Año que organiza y promueve el diario El Terriorio.
Paula tiene 35 años, es profesora de Letras y cursa la carrera de Abogacía en la sede Posadas de la Universidad Nacional del Nordeste (Unne). Su familia está constituida por su pareja, Hernán, y producto de este amor nacieron sus hijas, Agustina Antonella y Ludmila. La mujer que combina sus tareas de madre, docente y militante social, en los últimos cuatro años se puso al frente de una colecta comunitaria para festejar el Día del Niño y Navidad en las aldeas mbya.
“Las colectas siempre son un éxito, ya que no solo mi comunidad se brinda sino que desde distintos puntos del país me hacen llegar su aporte y la satisfacción al saber que confían en mí es el mayor premio ante este esfuerzo, además de las sonrisas y abrazos que siempre recibo al llegar a las aldeas. En este momento estoy organizando el festejo de fin de año, para lo cuál recaudo golosinas, galletitas, gaseosas y regalitos para entregar a cada niño”, comentó Paula en diálogo con este diario.
Al momento de hacer un balance de este 2014, destaca su incansable lucha por los derechos humanos y la repercusión de las cruzadas solidarias.
“Fue un año recargado de experiencias nuevas, en lo personal aprendiendo la dichosa tarea de ser madre y esta vez como lo anhelaba, pude dar de mamar a mi hija, tenerla en brazos, bañarla, pequeñas cosas que fueron una deuda como mujer tras lo que me había sucedido con el nacimiento y mala praxis de mi primer hija, en donde quedé cuadripléjica y totalmente sorda tras una cesárea en el 2004. Retomé la facultad a mitad de año y sigo estudiando Abogacía. El activismo por los derechos de mujeres, y niños se tornó una compañía diaria, entre cruzadas solidarias por los mbya, petitorios, manifestaciones y pedidos de Justicia pasó un año lleno de emociones y penas, sabiendo que a diario se suman víctimas de un sistema incapaz de subsanar sus errores y menos aún acompañar a las víctimas en el proceso posterior a sus pérdidas”, describió.
“Si debo describir al ciudadano misionero como lo veo hoy, diría que es un ser muy solidario, abierto a las necesidades del prójimo, pero a su vez pasivo y tranquilo ante la adversidad diaria, no son muchos los que se suman a protestas, marchas o realizan pedidos formales ante las autoridades. Tras la globalización y el acceso tan cercano de internet muchos se quedan en debates o quejas por este medio pero desde ese lugar no se producen los cambios reales, hay que inmiscuirse, participar y esto es lo que le cuesta al misionero, poner el cuerpo porque quizá tenga miedo a lo que digan otros, o esté en juego su trabajo, le de vergüenza, en fin.