Escalofriantes testimonios de maltratos en el hogar de niños de Jardín América: TODOS LOS DETALLES

Además de los abusos sexuales que se investigan, siguen saliendo a la luz dramáticos episodios que vivían los menores en el establecimiento que fue cerrado hace una semana.

UN INFIERNO. Eso era para los niños el hogar, según los testimonios que recaba la Justicia provincial en la causa.

Una semana después que se ordenara el cierre del hogar de niños Anspaz de Jardín América, las historias de sufrimiento de los menores que atravesaron esta institución comienzan a conocerse y a descubrirse como velos dramáticos.

Son los casos de nenas de 3, 9,10 ó 14 años que el terror de los golpes las obligaba a callar, hasta sentir que nunca nadie les iba a creer.

Hoy el predio de viviendas está inhabilitado para recibir niños judicializados en estado de vulnerabilidad, tanto de calle como de violencia intrafamiliar.

El hogar fue cerrado y uno de los tres hijos varones de la tutora o responsable, está detenido y otro investigado, por tres casos de “abuso sexual ultrajante y agravado por la custodia”.

Pero las víctimas, no sólo señalaron -en Cámara Gesell- ante la Justicia de Instrucción de Puerto Rico el dolor que llevan. Las niñas ahora hablan, sueltan a cada instante, los capítulos de la “casa del horror” atorados en el estómago.

Psicólogas, docentes y madres intensificaron la contención una vez desatado el escándalo y entre los cinco menores que aún restan ser reubicados recogieron nuevos testimonios de golpizas, maltrato, sometimiento, encierro y abusos sexuales a niños que fueron trasladados durante los últimos dos años, y que tiene como victimarios a los mismos responsables del hogar hoy investigados por el juez Rubén Osvaldo Lunge.

PRIMERA EDICIÓN tuvo acceso a una de las charlas de las menores con una psicóloga y una docente dentro del hogar. Las niñas, relatan y piden que las ayuden y que su próximo destino sea el que les permita jugar y no separarse de sus hermanos.

Pero también apuntaron que vieron sufrir a más niñas como ellas, las que luego fueron sacadas de Anspaz y no las volvieron a ver: “A una de las nenas, ellos (dos hermanos e hijos de la responsable del hogar) le hicieron sufrir demasiado. La nena era discapacitada, medio loquita, y siempre se quería escapar de la señora (tutora). Entonces la ataban a una silla y le pegaban con el palo de una escoba, la encerraban en una pieza sola, le hincaban agujas, la judeaban demasiado para que no hable y a nosotros nos amenazaban para que no contáramos nada a nadie”.

La menor que relató el horror, cuya identidad debe preservarse, remarcó que la violencia dentro de Anspaz era la herramienta de control, de someter sin límites: “A todos nos pegaban chipaí por la cabeza, la señora tenía la mano pesada (…) siempre lo hacía para que no digamos nada, no porque nos portábamos mal, sino para que no digamos nada de las cosas que pasaban con sus hijos cuando ella salía para el centro”.

“Nosotros no podíamos decir nada a nadie, teníamos miedo, hasta que la maestra nos ayudó. Éramos 17 viviendo acá, después se fueron yendo no sé a dónde, yo me quedé con mis hermanos y me pasó eso (violación) con el hijo de 17 años de la señora, a mi hermana de 10 le hizo lo mismo”.

“Pero los tres hijos hacían lo mismo, nosotros no podíamos hacer nada, teníamos miedo. A una nena de 3 años uno de ellos le daba besos en la boca, a otra la tuvieron que internar, y vino un abogado acá a hablar con la señora, después nadie dijo nada”.

“Pero sólo a mi y a mi hermana hasta ahora nos llevaron a hablar (Cámara Gesell), a las demás no todavía y también le hicieron cosas feas y a los demás no sabemos dónde están”.

Sin ahondar en detalles, la niña resumió su caso: “El hijo me llevó a una pieza vacía y me hizo eso (violó), después me dolió todo el cuerpo un montón de días. Nunca más me tocó porque yo me encerraba en el baño cuando la señora salía. Me golpeaba la puerta y yo no salía. Le dijimos a la señora lo que me hizo, pero ella nos amenazaba que nos iban a sacar de acá y tirar en otro lado si le contábamos a alguien, nos gritaban para que no habláramos”.

Para esa niña el milagro se produjo hace pocos días, cuando una de las maestras le pidió que contara por qué había tanto miedo en el hogar: “En un cuadernito que me dio la maestra yo le escribí que me violaron y ahí nos ayudaron a todos, pudimos ir a declarar”.

Otra de las víctimas coincidió con las características del miedo impuesto en Anspaz: “Tengo 14 años y el hijo de la ‘Tía’ (así la llamaban a la tutora y madre de los presuntos abusadores) me quiso llevar por la fuerza a una pieza, me puso la mano en la boca para que no grite pero le mordí y escapé corriendo. Me escondí hasta que volvió la mamá y le dije, pero me comí un tape por la cara, me gritó que no era cierto y que me vaya a la pieza y no cuente nada. Cuando venía gente con cosas o visitas, a nosotras nos encerraban o no nos dejaban acercarnos, tenían miedo que contemos lo que estaba pasando”.

Investigación en curso
Hasta el momento, por las denuncias que radicaron en la Justicia las docentes que asistían a las menores, hay un adolescente de 17 años detenido por “abuso sexual” y múltiples maltratos a menores bajo custodia en el hogar Anspaz.

Las declaraciones en cámara Gesell de dos hermanas de 9 y 13 años fueron determinantes para que el juez Lunge, subrogante del Juzgado de Instrucción 1 de Puerto Rico, ordene la detención. Los testimonios de las niñas fueron contundentes y coincidentes en cuánto al victimario, hijo de la ahora extitular del polémico hogar.

La medida penal corre paralela a las actuaciones de la jueza Civil y de Familia de Jardín América, Cynthia Meyer, quien dispuso, tras la denuncia en noviembre, que una menor fuera trasladada de ese lugar y se apartara a la responsable y sus tres hijos varones -entre ellos el ahora detenido- y se buscaran nuevos destinos a los once niños que aún quedaban en el predio de la fundación “Nuestra Señora Reina de la Paz, Madre de la Vida”, Anspaz.

De profundizarse la investigación judicial, las docentes y demás asistentes de las menores estiman que la cantidad de niños abusados podría trepar a nueve casos. Pero para poder saberlo deben hallar a los menores que fueron trasladados antes que el horror saliera a la luz.