Joaquín Piña fue consagrado por la gente como Misionero del Año 2013

Con más del doble de los votos obtenidos, el Obispo emérito de Puerto Iguazú fallecido este año, resultó el ganador del concurso impulsado por el diario El Territorio.

 

Cuando muere, perece su cuerpo pero el espíritu permanece, el dogma de fe del cristianismo que tantas veces habrá repetido el Obispo Emérito de Puerto Iguazú, Joaquín Piña Batllevell, cobró especial sentido esta tarde cuando fue reconocido con el premio al Misionero del Año 2013.

El galardón post-mortem le fue otorgado al cosechar más del doble de los votos de los misioneros y periodistas que participaron del concurso impulsado por primera vez, por el diario El Territorio y Territorio Digital.

El encargado de recibir el premio fue el padre Alberto Chichizola, quien además de la placa conmemorativa, recibió 5.000 pesos que serán destinados a obras de caridad en instituciones que frecuentemente recibían la ayuda del obispo jesuita.

Pese a haber nacido en España, Joaquín Piña se desempeñó como sacerdote en la tierra colorada desde 1986. Falleció el 8 de julio de este año, a los 83 años, sin embargo su imborrable obra le valió el reconocimiento del pueblo de la tierra colorada que lo adoptó como uno más, nombrándolo nada más y nada menos que “misionero”, un galardón que trasciende las fronteras del espacio y del tiempo.

Ceremonia de lujo

Finalistas al premio Misionero del año concurrieron esta tarde a la ceremonia de entrega del galardón en la planta del diario El Territorio junto a familiares y amigos.

La velada estuvo amenizada por la orquesta infato-juvenil “Grillitos Sinfónicos” que quisieron acompañar y brindar todo su apoyo a su mentora Marilé Vendrell, una de las tres finalistas al galardón.